2 Dios habló con Moshé y le dijo: “Yo soy El Eterno”. 3 Aparecí ante Abraham, Itzjak y Iaacov como El Shadai, pero por Mi Nombre El Eterno no Me hice conocer ante ellos. (Vaerá 6)Moshé se queja ante Dios y le dice: Señor mío, ¿por qué has hecho mal con este pueblo, por qué me has enviado? (Shemot 5)
Hashem le responde: “Yo soy El Eterno”. Con esto le quiere decir que él, Moshe Rabeinu, tendrá la virtud de poder presenciar la verdadera esencia de Hashem, al entregar al pueblo la Torá.
Los patriarcas, Abraham, Itzjak, y Iacov, sirvieron a Hashem desarrollando sus emociones. Abraham bondad, Itzjak rigor, Iacov armonía. Pero Moshé es el nivel de intelecto, el intelecto capaz de entender la Torá.
Por eso Moshé preguntó: ¿Por qué has hecho mal a este pueblo?, ya que el intelecto siempre quiere saber y entender, pero Hashem le explicó que por cuanto que Moshé iba a estar destinado a entregar la Torá al pueblo, debe comprender que a la esencia de la Torá se accede “no entendiendo”, sabiendo que Hashem supera todas las razones.
En conclusión: Se requiere de la persona que tenga la capacidad de aceptar los dictámenes divinos por arriba del intelecto, “Yo soy el Eterno”, y a la vez tratar de entender lo posible de entender, “¿Por qué has hecho mal con este pueblo?”, y que este intelecto pueda dar rumbo y orientación a las emociones, “Aparecí ante Abraham, Itzjak y Iaacov”.
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