Lo abrió y vio al niño, y he aquí que el joven lloraba. Ella le tuvo compasión y dijo: «Éste es uno de los niños hebreos». (Shemot 2)
Ella, la hija del Faraón, solo “vió” el llanto de un “niño hebreo”, pero no “sintió” su llanto, porque el llanto de un judío solo lo puede sentir otro judío.
Ella vió que el llanto era de un niño hebreo, porque nuestro llanto es un llanto con esperanza, que Hashem muy pronto nos va a redimir de todas nuestras angustias.
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