1 Moshé estaba pastando las ovejas de Itró, su suegro, el sacerdote de Midián; él guió a las ovejas dentro del desierto y arribó a la Montaña de Dios, hacia Joreb. 2 Un ángel de El Eterno se le apareció en una llamarada de fuego que salía de un arbusto. Él vio, y he aquí que el arbusto ardía en el fuego, mas el arbusto no se consumía. (Shemot 3)Conocemos la historia: Moshe pastoreaba al rebaño de su suegro en el desierto y fue al ir a buscar una “ovejita perdida” que Hashem se le presentó.
Moshe deja todo un rebaño de ovejas para ir en busca de una ovejita descarriada, porque es sabido que las ovejas cuando están juntas no presentan problemas y no son atacadas, pero el inconveniente aparece cuando una vulnerable ovejita queda sola y desprotegida del resto del rebaño.
Lo mismo sucede con el pueblo de Israel. Hay “ovejitas perdidas” que sin saberlo se fueron apartando de nuestro tradicional y glorioso acervo y Moshé nos enseña que es nuestra responsabilidad es ir en su búsqueda e integrarlas al resto del rebaño agrupado.
Es en ese momento que la presencia divina se le manifiesta a Moshe y lo convoca para rescatar al pueblo y entregarles la Torá, ya que no hay algo más digno y más noble que dedicarse a reintegrar las “ovejitas perdidas”, mostrándoles la rica herencia que por el momento desconocen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario