El mundo no solo que no se opone a nuestra tarea espiritual, sino por el contrario, se alegra cuando nos predisponemos a afectarlo positivamente.21 Moshé extendió su mano sobre el mar y El Eterno movió el mar con un fuerte viento del este toda la noche, y corrió el mar a tierra húmeda, y las aguas se partieron. (Beshalaj 14)
Nos cuenta el Talmud sobre un gran Tzadik llamado Rabí Pinjas ben Iair que en una oportunidad cuando iba en misión para rescatar a un hermano atrapado en prisión, llegó a un determinado lugar en donde había un río. Dicho río se abrió para que Rabí Pinjas pueda concretar su objetivo.
Explican nuestros Sabios que desde el principio de la creación, Dios condicionó a las aguas y a toda la creación, a que si una persona se predispone a cumplir una Mitzvá, no se deben oponer, e incluso si es necesario, deberán cambiar su naturaleza momentáneamente para que se pueda realizar la misión.
La naturaleza se anula cuando un justo decide ir por el camino sobrenatural de la divinidad, porque en esencia cuando conocemos nuestro rol, estamos más allá del mundo. La creación alega que fue creada antes que el hombre, y el hombre responde que Dios pensó primero en el hombre y su objetivo y en definitiva el mundo esta para que se pueda llevar a cabo el plan divino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario