La fe que llega a través de mirar hacia “arriba”, observando lo infinito del cielo tendrá trascendencia, pero la fe que llega a través de los errores cometidos, difícilmente llegará a buen puerto, porque la decepción no genera certeza.
11 Ahora sé que El Eterno es más grande que todos los dioses (Itró 18)
Itró a pesar de haber abandonado su forma de pensar para plegarse a la fe mosaica, de todos modos seguía hablando de “dioses”.
Explican nuestros Sabios que Itró no llegó a la fe de Abraham, nuestro patriarca, que una vez que conoció a la divinidad, luchó para erradicar todo vestigio de idolatría, rompiendo los ídolos y concepciones de su padre, promoviendo la certeza de un Dios Único.
La diferencia radica en que Abraham empezó su camino hacia la fe a través de la contemplación, como nos cuentan los Sabios que al principio observó al sol, luego a la luna y cuerpos celestes llegando a la conclusión de la grandeza del Creador.
Mientras que Itró, llegó a entender la grandeza de nuestro Dios, a través de su experiencia, llegando a la conclusión de que el mundo donde vivía es un mundo infame y sin sentido, pasando previamente por la adoración de “Todos los dioses”.
Cuando la fe empieza por el análisis contemplativo, en forma positiva como Abraham, es más fácil llegar a buen término. Mientras si las conclusiones llegan a través de incertidumbres vividas, no es tan sencillo el convencimiento de la grandeza del Creador, porque de las incertidumbres, difícil que nazcan las verdades trascendentes, ya que la persona es vulnerable a su medio, pudiendo caer fácilmente presa de la tentación del ambiente sin llegar al objetivo.
Itró no se quedó en el desierto con el pueblo judío, volviendo a su tierra, como esta escrito: 27 Moshé despidió a su suegro y volvió a su tierra. (Itró 18), quizás volviendo a su vida pasada en un mundo lleno de dioses.
11 Ahora sé que El Eterno es más grande que todos los dioses (Itró 18)
Itró a pesar de haber abandonado su forma de pensar para plegarse a la fe mosaica, de todos modos seguía hablando de “dioses”.
Explican nuestros Sabios que Itró no llegó a la fe de Abraham, nuestro patriarca, que una vez que conoció a la divinidad, luchó para erradicar todo vestigio de idolatría, rompiendo los ídolos y concepciones de su padre, promoviendo la certeza de un Dios Único.
La diferencia radica en que Abraham empezó su camino hacia la fe a través de la contemplación, como nos cuentan los Sabios que al principio observó al sol, luego a la luna y cuerpos celestes llegando a la conclusión de la grandeza del Creador.
Mientras que Itró, llegó a entender la grandeza de nuestro Dios, a través de su experiencia, llegando a la conclusión de que el mundo donde vivía es un mundo infame y sin sentido, pasando previamente por la adoración de “Todos los dioses”.
Cuando la fe empieza por el análisis contemplativo, en forma positiva como Abraham, es más fácil llegar a buen término. Mientras si las conclusiones llegan a través de incertidumbres vividas, no es tan sencillo el convencimiento de la grandeza del Creador, porque de las incertidumbres, difícil que nazcan las verdades trascendentes, ya que la persona es vulnerable a su medio, pudiendo caer fácilmente presa de la tentación del ambiente sin llegar al objetivo.
Itró no se quedó en el desierto con el pueblo judío, volviendo a su tierra, como esta escrito: 27 Moshé despidió a su suegro y volvió a su tierra. (Itró 18), quizás volviendo a su vida pasada en un mundo lleno de dioses.
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