"Estaban ambos al descubierto, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban."(Bereshit / Génesis 2:25)
Luego del pecado del fruto, empezaron a sentirse desnudos y avergonzados.
Lo que ocurrió con el pecado, es que entraron en desorden, en desequilibrio. El hombre al ser creado por el mismísimo Hashem estaba completo e integro, y cuando uno esta lleno de luz no hay desorden, no hay desnudez, no hay desequilibrio.
Recién, luego del pecado el hombre entró en falta, y esta falta trae vergüenza, ya que a nadie le gusta dejar al “descubierto” los errores.
Tenemos que volver a ese estado primario esencial de integridad y armonía y los complejos desaparecerán, entrando en el Gan Edén, uniéndonos con nosotros mismo y con el prójimo, en forma genuina.
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