10 Moshé fue con Aarón ante el Faraón y así lo hicieron, tal como El Eterno había ordenado; Aarón arrojó su vara ante el Faraón y ante sus siervos, y ésta se transformó en serpiente. 11 El Faraón también convocó a sus sabios y sus magos, y ellos también, los nigromantes de Egipto, hicieron lo mismo con sus encantamientos. 12 Cada uno arrojó su vara y éstas se transformaron en serpientes; y la vara de Aarón se tragó a las varas de ellos. (Vaerá 7)
¿Cómo fue que le dijo cierto Rebe a sus discípulos después de haber terminado de hablar con uno de los literatos idishistas, que hoy están en el recuerdo? Ese hombre es tan porfiado, que si viene Moishe Rabeinu y le abre el mar, seguiría sin creer…
El Faraón al ver maravillas ante sus ojos, convocó a sus “sabios” y “magos” para que demuestren que ellos también saben hacer las cosas, y de este modo las palabras de Moshé serían irrelevantes e intrascendentes.
Pero la mentira tiene su límite y su final, si no fuera así sería verdad, e incluso los propios magos y hechiceros contratados por el Faraón declaran un poco más tarde: “Dijeron los magos al Faraón: “Dedo de Dios es esto”; más se endureció el corazón del Faraón y no escuchó a ellos…”. (Vaerá 8)
Incluso que sus propios secuaces le dijeron que hay un límite a la mentira, el Faraón se negó a creer, porque llega un momento que de tanta mentira y falsedad, el corazón se vuelve piedra.
Hoy en día donde tanta mentira anda dando vuelta por ahí, queriendo suplir la verdad trascendente del alma, corremos peligros que llegado el momento de empezar a creer, nuestro corazón no tolere tanta sutileza.
¿Cómo fue que le dijo cierto Rebe a sus discípulos después de haber terminado de hablar con uno de los literatos idishistas, que hoy están en el recuerdo? Ese hombre es tan porfiado, que si viene Moishe Rabeinu y le abre el mar, seguiría sin creer…
El Faraón al ver maravillas ante sus ojos, convocó a sus “sabios” y “magos” para que demuestren que ellos también saben hacer las cosas, y de este modo las palabras de Moshé serían irrelevantes e intrascendentes.
Pero la mentira tiene su límite y su final, si no fuera así sería verdad, e incluso los propios magos y hechiceros contratados por el Faraón declaran un poco más tarde: “Dijeron los magos al Faraón: “Dedo de Dios es esto”; más se endureció el corazón del Faraón y no escuchó a ellos…”. (Vaerá 8)
Incluso que sus propios secuaces le dijeron que hay un límite a la mentira, el Faraón se negó a creer, porque llega un momento que de tanta mentira y falsedad, el corazón se vuelve piedra.
Hoy en día donde tanta mentira anda dando vuelta por ahí, queriendo suplir la verdad trascendente del alma, corremos peligros que llegado el momento de empezar a creer, nuestro corazón no tolere tanta sutileza.
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