1 Cuando salgas a la batalla contra tu enemigo y veas caballo y carroza, un pueblo más numeroso que tú, no les temerás, pues El Eterno, tu Dios, Quien te sacó de la tierra de Egipto está contigo. 2 Ocurrirá que cuando te acerques a la guerra, el sacerdote se aproximará y le hablará al pueblo. 3 Les dirá: «Oye, Israel, os acercáis a la batalla contra vuestros enemigos; que vuestro corazón no decaiga; no temáis, no os aterréis ni os quebrantéis ante ellos. 4 Pues El Eterno, vuestro Dios, es El Que va con vosotros, para luchar por vosotros con tus enemigos, para salvaros». (Shoftim 20)
Preguntan los Sabios: ¿Cómo el soldado no va tener miedo y como su corazón no va decaerse, si en el momento de guerra escuchan bombas, misiles y otros artefactos?
Contestan los Sabios: Un soldado Iehudi no tiene miedo “Pues El Eterno, vuestro Dios, es El Que va con vosotros, para luchar por vosotros con tus enemigos, para salvaros”.
El Talmud nos cuenta sobre Najum “Ish Gam Zu” (Todo es para bien). Que en una oportunidad fue a llevarle un cofre con piedras preciosas al emperador y unos ladrones le robaron las piedras preciosas que estaban destinadas a ser entregadas al emperador y en el lugar de piedras preciosas le pusieron arena. Cuando abrió el emperador el cofre lleno de arena se enojó mucho y ordenó matar a Najum, pero el Sabio, que se destacaba por su gran fe, dijo: “Esto también es para bien”, y fue en ese momento como Eliahu Hanabi (El profeta Eliahu) se apareció en forma de soldado del emperador y le dijo al emperador: “Quizás sea este polvo que trae el judío, el mismo polvo que utilizaba su antepasado Abraham que al tirarlo en contra de sus enemigos se convertían en flechas y ganaba la guerra. Efectivamente lo usaron en el campo de batalla y se convirtieron en flechas y para Najum y todo el pueblo judío se produjo un gran milagro y todo en mérito de la gran fe de Najum.
Por eso es que debemos reforzar nuestra fe y nuestro cumplimiento de Mitzvot, estando junto a nuestros soldados y que de una vez por todas se erradique la maldad y el terrorismo, y que Hashem mande protección a todos nuestros queridos hermanos en la tierra de Israel.
Y sabiendo que esta acción, de erradicar el terrorismo, comenzó en Jánuca que se cumpla la bendición que recitamos al prender las velas: “El que hizo milagros para nuestros antepasados en aquellos días, haga milagros para nosotros en estos días” y que todos nuestros queridos soldados hagan lo que tengan que hacer para borrar la maldad de medio oriente, y vuelvan sanos y salvos a sus hogares.
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