19 El Eterno le dijo a Moshé: Dile a Aarón: Toma tu vara y extiende la mano sobre las aguas de Egipto; sobre sus ríos, sobre sus canales, sobre sus embalses y sobre todos sus depósitos de agua, y se transformarán en sangre; habrá sangre en toda la tierra de Egipto, inclusive en las vasijas de madera y de piedra». (Vaerá 7)
Estamos ante la primera plaga, la plaga de la sangre. Los Sabios nos cuentan que los egipcios no podían tomar agua, toda su agua estaba contaminada con sangre, hasta que se dieron cuenta que en el lugar donde vivían los judíos el agua fluía normalmente, es por eso que ellos, los egipcios, compraban el agua por buena plata a nuestros antepasados y de esa manera se empezaron a enriquecer.
Cierto Rabino que en la víspera de Shabat no tenía aceite para prender las luminarias, ordenó a su familia que las prendan con vinagre, diciendo: “El que dijo al aceite que prenda, puede decirle al vinagre que prenda”. Y así sucedió y el vinagre prendió evidenciándose, un gran milagro.
Quedó claro, ya en la primera plaga, que es Dios quien rige todo en este mundo. Con esto, Hashem nos quiso enseñar que todo el sustento es en definitiva otorgado por El, Bendito Sea, y de algo inesperado el pueblo judío se enriqueció.
Preocuparse por la manutención es considerado una falta de fe, ya que El, tiene sus planes para mantenernos, como dicen los Sabios: “El que da la vida, da el sustento”.
Vivir sin fe es muy triste, ya que cuando se pierden las esperanzas, la persona entra en depresión y en tristeza, no teniendo a quien recurrir, y con la preocupación se pierde todo el flujo divino que Hashem tiene destinado para nosotros.
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