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martes, 6 de enero de 2009

LA DERECHA PARA EL MAS PEQUEÑO

19 Mas su padre se negó, diciendo: Yo sé, hijo mío, yo sé; él también se transformará en un pueblo, y él también será grande; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia colmará las naciones. (Vaiejí 48)

Iosef tenía dos hijos, los cuales fueron bendecidos por Iacov. Inesperadamente Iacov pone su derecha, la mano más importante, en la cabeza del menor, Efraim, y la izquierda en la mano de su primogénito, Menashe.

Explica la Kabala que hay dos situaciones generales en la persona: Hay momentos en los cuales nos sentimos plenos, en donde la luz divina irradia en nosotros, en los cuales se puede decir que todo va sobre ruedas.

Pero hay otros momentos, turbulentos por cierto, en los cuales no podemos vislumbrar la luz de Hashem.

El “hijo primogénito”, hace referencia a los momentos de esplendor, donde todo va bien. Y el “hijo menor”, es cuando se aminora y disminuye la luz divina dentro nuestro y podemos llegar a encontrarnos perdidos.

Iacov, pone su derecha, su mano importante, en la cabeza del “menor”, para remarcar que es en esos momentos, en los momentos más bajos y más oscuro es donde podemos mediante nuestra fe, plegaria y buenas acciones, salir a niveles de luz superiores, mayores que si nunca hubiéramos bajados.

Encontrándonos en una oscura diáspora, en donde por momentos no podemos vislumbrar la intensidad de la luz, como era en la época del Bet Hamikdash, tenemos que saber que justamente la luz se valora y se aprecia cuando viene después de la oscuridad y que todo descenso es para un ascenso mayor.

El hijo menor de Iacov se llamaba Efraim, y al nacer nos dice la Torá:“El nombre del segundo hijo era Efraim, pues Dios me hizo fructífero en la tierra de mi aflicción”. (Miketz 41). Esto quiere decir que los frutos se ven cuando uno esta en la “tierra de mi aflicción”, ya que desde ahí estará Hashem para rescatarnos.

Por eso Iacov en contra todos los pronósticos, incluso los de Iosef, puso su derecha, en la mano del más pequeño, para enseñarnos que no debemos desfallecer, porque luego de la oscuridad viene la luz.

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