Enseguida que Iosef es vendido como esclavo en Egipto, en la casa de Potifar, ministro del Faraón, dice la Torá: 4 “Iosef halló “gracia” en sus ojos y lo asistió; él lo puso a cargo de su casa, y todo lo que poseía lo colocó bajo su custodia” (Vaieshev 39).
Luego cuando fue arrojado a la carcel, nos dice la Torá: 21 “ El Eterno estuvo con Iosef, y lo dotó de carisma e hizo que hallara “gracia” a los ojos del guardián de la prisión. 22 El guardián de la prisión colocó todos los presos bajo su custodia y el hacía todo lo que allí se hacía. 23 El guardián de la prisión no controlaba nada de lo que estaba a su cargo” (Vaieshev 39)
Después cuando fue puesto como regente de todo Egipto dispuesto por el mismo Faraón dice la Torá: 42 Y el Faraón se quitó el anillo de su mano y lo colocó en la mano de Iosef (Miketz 41)
En realidad, si Hashem está dentro nuestro y entendemos que la verdadera gloria y el honor no esta en dominar a nadie, sino a nosotros mismos, se produce este gracia, la gracia y el favor de Hashem.
El Talmud nos dice: “Todo el que corre detrás del honor, el honor se escapa de el”, porque en realidad esta corriendo detrás de algo vano, falso y no consistente, pero Iosef siempre ponía su esfuerzo en hacer morar a Hashem en su corazón, comportándose correctamente, y la bendición no tardaba en llegar.
Hashem trasciende incluso la espiritualidad, y Iosef tuvo la virtud de hacer sentir la gracia y el favor divino, incluso a gente completamente alejada a la santidad, abriendo puertas constantemente.
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