29 Se acercó el momento de morir de Israel, y llamó a su hijo, a Iosef (José), y le dijo: «Por favor, si he hallado gracia en tus ojos, por favor coloca tu mano bajo mi muslo, y haz conmigo benevolencia y verdad: por favor no me entierres en Egipto. (Vaiejí 47)
Llegó el momento de que Iacov tenía que partir de este mundo y le pide a su hijo, con súplicas, de no ser enterrado en el exilio sino en la tierra de Israel.
Iacov tuvo que descender a Egipto por hambruna, por cuestiones físicas y materiales, pero una vez que el patriarca prescinde de estas cuestiones, ya nada tiene que hacer en ese lugar foráneo.
Del mismo modo, nosotros sus hijos, tenemos que saber que el exilio no es nuestro lugar de pertenencia, sabiendo que lo nuestro es el alma y el espiritu, la tierra de Israel, y las cosas materiales solo una necesidad.
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