Al verdadero servidor de Dios no se lo ve únicamente cuando reza, se lo ve en cada cuestión cotidiana de la vida.24 El Faraón convocó a Moshé y le dijo: «Id, servid a El Eterno, únicamente vuestros rebaños de ovejas y vacas quedarán aquí; inclusive vuestros hijos pueden ir con vosotros».
(Bo 10)
El Faraón en determinado momento acepta que el pueblo parta de su tierra, pero solicita que el ganado de Israel se quede en Egipto. Moshé le dice al Faraón que de ninguna manera quedará nuestro ganado en Egipto, sino que nos llevaremos todo, ya que también nuestro rebaño nos servirá para servir al Creador.
Este es el pensamiento torcido de todos los “Faraones” de todas las épocas, que están dispuestos a servir a Dios parcialmente, pero no están dispuestos a resignar su ganado, sus bienes, al servicio divino.
Para este tipo de gente, la divinidad tiene que ver más con una cuestión litúrgica de fines de semana, que con una cuestión cotidiana.
Pero Moshé nos enseña que Dios está en todos lados, en cada aspecto de nuestra vida, involucrando a nuestras cuestiones materiales al servicio del Creador, utilizándolas en forma honrada y siendo generoso con los que necesitan de nuestra ayuda.
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