34 El Faraón vio que la lluvia, el granizo y los truenos cesaron, y continuó pecando; y se obstinó su corazón, el de él y el de sus siervos. (Vaerá 9)
El Faraón llegó a confesar sus errores, y hasta le pidió a Moshé que rece por el y su pueblo, pero una vez que el granizo había dejado de golpear a Egipto, el volvió a ser obstinado, regresando a su maldad.
Este es el comportamiento de los perversos e inicuos que cuando ven que los problemas se le vienen encima se acuerdan de Dios, pero cuando son librados de sus problemas ya no se los ve más por el Shil.
Cuentan que Nabuconodozor, el perverso general que destruyó el Templo de Jerusalém, también alabó a Dios y fue cuando el profeta Daniel le había vaticinado de que iba a ser castigado, pero cuando pasó un año y no recibió castigo divino, dejó de rezar, pensando que Hashem se había olvidado.
En cambio el Rey David siempre alabó a Hashem, por eso sus cánticos y alabanzas son eternas, trascendiendo por generaciones, porque el le cantaba a Dios en las buenas y en las malas.
El pueblo judío siempre alaba a Dios, en todo momento, por eso merece ser redimido.
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