20 Miriam, la profetisa, hermana de Aarón, tomó su tambor en la mano y todas las mujeres fueron tras ella con tambores y con danzas. 21 Miriam habló ante ellas: «Cantadle a El Eterno, pues Él es exaltado sobre el arrogante, habiendo arrojado al caballo junto con su jinete al mar». (Beshalaj 15)
Hay diferencias entre el canto de los hombres al canto de las mujeres al abrirse el Mar. Los hombres solo cantaron un cántico de alabanza sumamente extenso, mientras que las mujeres cantaron un escueto canto, con tambores y además danzaron.
Explican nuestros Sabios: Las mujeres sufrieron más qué los hombres el exilio egipcio, pudiendo percibir con mayor alegría la salvación, por eso cantaron un cántico corto, porque las palabras sobran, y por eso danzaron con instrumentos en sus manos.
Ellas tuvieron que ver como sus hijos eran arrojados a las aguas del Nilo, que por naturaleza la mujer sufre más. Ellas tenían que dar ánimos a sus maridos que no querían tener hijos, ya que ellos argumentaban que al final serían arrojados al Nilo. Ellas tenían que vestirse con ropas desagradables al salir al exterior, para que ningún promiscuo egipcio poce su mirada en ellas, mientras que al llegar a sus casas se arreglaban para su esposo.
Nuestros Sabios nos dicen: “En mérito de las mujeres virtuosas de esas generación, salieron nuestros antepasados de Egipto”.
Que podamos pronto alegrarnos con la redención final, luego del duro exilio.
Hay diferencias entre el canto de los hombres al canto de las mujeres al abrirse el Mar. Los hombres solo cantaron un cántico de alabanza sumamente extenso, mientras que las mujeres cantaron un escueto canto, con tambores y además danzaron.
Explican nuestros Sabios: Las mujeres sufrieron más qué los hombres el exilio egipcio, pudiendo percibir con mayor alegría la salvación, por eso cantaron un cántico corto, porque las palabras sobran, y por eso danzaron con instrumentos en sus manos.
Ellas tuvieron que ver como sus hijos eran arrojados a las aguas del Nilo, que por naturaleza la mujer sufre más. Ellas tenían que dar ánimos a sus maridos que no querían tener hijos, ya que ellos argumentaban que al final serían arrojados al Nilo. Ellas tenían que vestirse con ropas desagradables al salir al exterior, para que ningún promiscuo egipcio poce su mirada en ellas, mientras que al llegar a sus casas se arreglaban para su esposo.
Nuestros Sabios nos dicen: “En mérito de las mujeres virtuosas de esas generación, salieron nuestros antepasados de Egipto”.
Que podamos pronto alegrarnos con la redención final, luego del duro exilio.
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