La persona tiene que saber plenamente que la parsnasá (el sustento) viene de Hashem.1 Entonces Moshé y los Hijos de Israel quisieron cantar esta Canción a El Eterno, y dijeron lo siguiente: Cantaré a El Eterno pues Él es exaltado sobre el arrogante, habiendo arrojado al caballo junto con su jinete al mar (Beshalaj 15)
El pueblo de Israel comienza su cantó al Creador al cruzar el mar, alabándolo porque “El caballo y su jinete fueron arrojados al mar”. ¿Por qué empezaron con esta alabanza?
Dicen nuestros Sabios, que al ver el pueblo que al caballo con su jinete se introdujeron en el mar, pudieron apreciar la mano protectora de Hashem.
Sin esfuerzos y en forma no convencional, los enemigos fueron ahogados. Esto reforzó su plena convicción de que Hashem maneja cada aspecto de la vida, interviniendo a nuestro favor.
Dice el Talmud: “Es difícil la manutención como la ruptura del mar Rojo”. La explicación es la siguiente: A pesar que se nos hace difícil creer que Hashem maneja y nos proporciona el sustento en su momento, de todos modos tenemos que creer plenamente que nada se escapa de su voluntad, otorgandonos nuestro alimento en forma constante.
Una persona que vive con esta convicción, estará tranquila y no se preocupará, sabiendo que Hashem saciará todas nuestras necesidades, sin tanto esfuerzo de nuestra parte.
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