“Porqué El ha saciado al alma sedienta, y ha llenado de Bien al alma hambrienta” (Salmo 107, 9)
Explican los Sabios que muchas veces se sufre de hambre y de sed, saciando la persona su hambre y su sed con comida, pero en realidad lo que el cuerpo y el alma están pidiendo es llenarse y nutrirse con espiritualidad.
Si la persona no comprende este concepto, sufrirá enfermedades y obesidad, pero cuando se comienza a vivir con la idea de que se debe nutrir también al alma, se gozará de bienestar físico y espiritual.
La persona es un conjunto de cuerpo y alma, y tanto el cuerpo como el alma necesitan nutrientes.
El alma particularmente necesita llenarse de “bien”, para estar plena y no generar “hambre”, ya que al generar necesidad, la persona puede llegar a mal interpretar el hambre queriendo comerse todo, sin saciar el verdadero faltante espiritual.
Explican los Sabios que muchas veces se sufre de hambre y de sed, saciando la persona su hambre y su sed con comida, pero en realidad lo que el cuerpo y el alma están pidiendo es llenarse y nutrirse con espiritualidad.
Si la persona no comprende este concepto, sufrirá enfermedades y obesidad, pero cuando se comienza a vivir con la idea de que se debe nutrir también al alma, se gozará de bienestar físico y espiritual.
La persona es un conjunto de cuerpo y alma, y tanto el cuerpo como el alma necesitan nutrientes.
El alma particularmente necesita llenarse de “bien”, para estar plena y no generar “hambre”, ya que al generar necesidad, la persona puede llegar a mal interpretar el hambre queriendo comerse todo, sin saciar el verdadero faltante espiritual.
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