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miércoles, 29 de junio de 2011

EXCESO DE COMIDA Y LA MORALIDAD

4 La multitud mezclada que había entre ellos empezó a sentir un antojo y los Hijos de Israel lloraron una vez más, diciendo: ¿Quién nos dará de comer carne? 5 Recordamos el pescado que comimos en Egipto sin pagar nada, y los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajo, 6 pero ahora nuestra vida está reseca, no hay nada; no tenemos nada por delante salvo el maná (Behaalotjá 11)

Explican los Sabios que con dicha queja, queriendo comer carne, pretendían sacarse el yugo de los Preceptos, pretendiendo permitir las relaciones prohibidas.

Detrás de cada queja prepotente se esconde cuestiones de índole moral, ya que la persona plena está contenta con lo que tiene, no codiciando lo que tiene el prójimo.

La Maná era un alimento muy refinado, pero el pueblo tenía un “antojo”. Dicho antojo los llevó a exigir prepotentemente el querer comer carne, para caer en definitiva en adulterio.

Pedir es algo muy bueno, y de hecho es un Precepto pedir por las necesidades, pero con humildad, y no de manera prepotente, ya que de está manera la persona demuestra faltante y carencia, no percibiendo de buena manera lo que uno ya tiene.

Exigir de mala manera opaca el alma, comenzando la persona a querer comer de más (en este caso carne), y engordar, conllevando a las bajezas más grandes de índole moral.

Cuando uno come de más, no es la cuestión la comida en sí, sino que con este comer de más la persona está manifestando insuficiencia, debiendo la persona trabajar sobre las satisfacción real y verdadera de estar en el camino correcto, sin tener luego que lamentarse por los excesos.

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