La serpiente le dijo a la mujer: “Hashem sabe que en el día que coman (del fruto prohibido) se les abrirán los ojos y serán como Di-s conocedores el bien y el mal” (Génesis 3,5).
El hombre quiso (y quiere) ser Di-s y termina siendo un gusano, escondiéndose, al final, del mismo Hashem, avergonzado por saber ahora de su desnudez y su vulnerabilidad.
Hashem le preguntó al hombre: ¿Donde estas? Y el hombre no tuvo y no tiene respuestas satisfactorias.
Pero cuando tratas de ser humano con tus virtudes y defectos, tratando de seguir el camino correcto de Hashem, ya no hay vergüenza, ya no hay escondites.
Somos testigos del hombre que quiere ser Di-s, probando diferentes frutos prohibidos, y cree que con esta trampa se superará, y será invencible como Di-s, pero al final se da cuenta, en la resaca, que cada vez es más vulnerable, más débil, degradándose.
El hombre quiso (y quiere) ser Di-s y termina siendo un gusano, escondiéndose, al final, del mismo Hashem, avergonzado por saber ahora de su desnudez y su vulnerabilidad.
Hashem le preguntó al hombre: ¿Donde estas? Y el hombre no tuvo y no tiene respuestas satisfactorias.
Pero cuando tratas de ser humano con tus virtudes y defectos, tratando de seguir el camino correcto de Hashem, ya no hay vergüenza, ya no hay escondites.
Somos testigos del hombre que quiere ser Di-s, probando diferentes frutos prohibidos, y cree que con esta trampa se superará, y será invencible como Di-s, pero al final se da cuenta, en la resaca, que cada vez es más vulnerable, más débil, degradándose.
No hay comentarios:
Publicar un comentario