29 Mas si era un buey que solía acornear, desde ayer y anteayer, y se había advertido a sus dueños, mas no tomaron precauciones y el buey mató a un hombre o una mujer, el buey será apedreado y también sus dueños morirán. (Mishpatim 23)La Torá reconoce dos tipos de toros en relación a la Ley de daños y perjuicios. El primer rango es un toro que naturalmente no cornea, siendo la responsabilidad de los dueños parcial. Y el segundo rango es cuando el toro se acostumbra a cornear, advirtiendo a sus dueños de su peligrosidad, y siendo denunciado tres veces en un tribunal rabínico calificado, considerándose, sus dueños, responsable de todo daño.
Explica la Kabala: “El toro” hace referencia al instinto animal que llevamos adentro. En un principio, esencialmente este “Animal” es dócil y fácil de dominar, pero este “animal” con el tiempo empieza a transgredir y cada vez más “peligra” su espiritualidad, siendo responsable de todo daño.
El Talmud nos dice que si el toro cambia de dueño, incluso que sea un toro peligroso, vuelve a tener este toro el status primario natural, no considerando su peligroso accionar anterior. ¿Por qué? Porque al cambiar de dueño cambia el comportamiento del toro, ya que mucho tiene que ver la relación del dueño con sus bienes, volviendo a considerar su naturaleza dañina desde el principio.
Del mismo modo, explica la Kabala, si cambiamos de “Dueño” dejando que en vez que nos domine la pasión, nos domine las leyes divinas, estudiando Torá y haciendo Mitvot, cambiaremos nuestra naturaleza, al punto que en lugar de ser “toros corneadores” nos convirtamos en toros productivos, ayudando a trasformar el mundo en un lugar más habitable.
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