1 Cantaré al Eterno, porque el se cubrió de gloria, al caballo y su jinete arrojó (Ramá) al mar. 2… Este es mi Dios, y lo glorificaré… 4 Los carros del Faraón y su ejército arrojó al mar, y los escogidos de sus capitanes fueron hundidos en el mar Suf
Explica la Kabala: Todas las almas son “Arrojadas” desde lo alto, para cumplir con su misión espiritual en este mundo.
Hay una clase de almas que al ver los milagros y maravillas del Todopoderoso se elevan y alaban a Dios, “Este es mi Dios…”, mientras que otras se hunden en el “mar” turbulento del materialismo.
La primer clase de almas corresponde a la primera parte del texto: “al caballo y su jinete arrojó (Ramá) al mar”. La palabra “Ramá” proviene del vocablo “Romemut” que significa “Exaltación y glorificación”.
Dichas almas al ser “Arrojadas al mar” de este mundo, exaltan y glorifican al Todopoderoso, no tan solo con su alma, sino también con su “Caballo”, su cuerpo e instintos.
Por otro lado están las almas que se “Hunden en el mar” del materialismo. Estás almas corresponden al “Faraón”, como dice la Tora: “Los carros del “Faraón”…”. El Faraón en su obstinación no reconoció al Eterno, a pesar de todas las proezas que Hashem le manifestó.
Explica la Kabala: Todas las almas son “Arrojadas” desde lo alto, para cumplir con su misión espiritual en este mundo.
Hay una clase de almas que al ver los milagros y maravillas del Todopoderoso se elevan y alaban a Dios, “Este es mi Dios…”, mientras que otras se hunden en el “mar” turbulento del materialismo.
La primer clase de almas corresponde a la primera parte del texto: “al caballo y su jinete arrojó (Ramá) al mar”. La palabra “Ramá” proviene del vocablo “Romemut” que significa “Exaltación y glorificación”.
Dichas almas al ser “Arrojadas al mar” de este mundo, exaltan y glorifican al Todopoderoso, no tan solo con su alma, sino también con su “Caballo”, su cuerpo e instintos.
Por otro lado están las almas que se “Hunden en el mar” del materialismo. Estás almas corresponden al “Faraón”, como dice la Tora: “Los carros del “Faraón”…”. El Faraón en su obstinación no reconoció al Eterno, a pesar de todas las proezas que Hashem le manifestó.
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